Frío invierno
marplatense el de aquella época. Oscura estaba la calle por
donde caminaban ambos. Negras fueron las sombras que se
abalanzaron sobre las dos personas. Golpearon a una y a la
otra la arrastraron violentamente, hasta introducirla en uno
de los automóviles en marcha
De esta manera,
con el secuestro de Norberto Centeno concluía uno de los
días más triste de la historia nacional, al convertirse en
el cuarto abogado desaparecido en el plazo de unas pocas
horas. Había comenzado lo que posteriormente se bautizó como
“La Noche de las Corbatas”.
Los
captores -hasta lo que hoy se sabe -eran fuerzas conjuntas
bajo las órdenes del Teniente Coronel Arrillaga, jefe de
Inteligencia del Grupo de Artillería de Defensa Aérea (Gada
601) con asiento en la localidad de Camet, Mar del Plata.
Estaban apoyados por fuerzas policiales vestidas de civil,
al mando del Comisario Inspector Miguel Fuster, integrante
del Servicio de Inteligencia de la Policía de la Provincia
de Buenos Aires. El Comandante del Área, coronel Pedro
Barda, amo y señor de la vida de los ciudadanos de la
región, en esos momentos se encontraba en Buenos Aires,
recibiendo directivas del Comando del Primer Cuerpo de
Ejercito, unidad militar a cargo del General Carlos
Guillermo Suárez Mason.
Cinco días
después el cuerpo de Centeno apareció ferozmente golpeado en
un camino vecinal. Se le había dado muerte en el interior
del centro de reclusión llamado “La Cueva”, instalación
ubicada en el mismo predio de la “Base Aérea” Mar del Plata
,que era un viejo radar semisubterráneo “cedido” por la
Aeronáutica al Ejercito a fin de facilitar a la agrupación
militar el “cumplimiento de la misión impuesta por la
superioridad en la lucha contra la subversión, en el periodo
1976 y 1977”
Los periódicos
locales publicaron que una multitud asistió al sepelio de
Centeno. Amigos que vivieron esos momentos de terror, bajo
un clima de angustia indescriptible, aseguran que no fueron
muchas las personas presentes. Eso sí, cuando el ataúd era
transportado hacia el coche fúnebre, un mozo se quitó su
chaquetilla blanca y la colocó sobre el féretro. El hombre
lloraba.
Así partió
hacia el descanso final quien un 17 de febrero de 1927 había
nacido en la ciudad de Santo Tomé, Provincia de Corrientes,
graduado de escribano en la Universidad Nacional del
Litoral y recibido en la Universidad Nacional de La Plata
como abogado. En Mar del Plata, su actuación profesional
apuntaba al derecho laboral, siendo asesor de innumerables
sindicatos, entre ellos, el de los gastronómicos.
El único
testigo presencial del secuestro, debió esperar VEIN
TICUATRO AÑOS para que un Tribunal de la Justicia Argentina
lo escuche. Fue recién en el año 2001, cuando, gracias al
esfuerzo del Tribunal Oral Federal en lo Criminal de Mar
del Plata se sentó ante los tres magistrados para relatar
lo sucedido, en el marco del Juicio por la Verdad. Hasta ese
entonces, la justicia local, ordinaria y federal, había
mirado para otro lado.
Aún, a treinta
años de ese hecho, en los listados de actos de violencia
atribuidos a la “subversión terrorista”, publicados en el
libro “La otra Campana del Nunca Mas” cuyo autor es
el ex comisario Miguel O. Etchecolatz y en los tres tomos
del libro “In Memorian” editado por el Instituto
Militar de la República Argentina, se puede leer:
“10-07-77 Homicidio abogados Camilo Ricci, Hugo Alais,
Manolo Arestin y Norberto Centeno. (Mar del Plata),
atribuidos a la organización Montone ros”.
La versión no
es antojadiza. Se fundamente en los informes proporcionados
por el Estado Argentino a la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos y a la Comisión de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas en la década del 80, referencia
que hasta la actualidad no ha sido rectificado por
ninguno de los gobiernos democráticos que des de el año 1984
hasta el presente han transitado por la vida política
argentina.
La extracción
justicialista de Centeno le había provocado detenciones en
1954,1963,1969 y 1976, justamente esta última el 24 marzo.
Los amigos le pedían que tome precauciones , pero hacia caso
omiso a estas advertencias.
Inclusive un
conocido colega, que en su carácter de representante de la
“Federación Argentina de Colegios de Abogados” (FACA) era el
encargado de los trámites relativos a la búsqueda de los
abogados desaparecidos, se sorprendió cuando insistentemente
los militares preguntaban acerca de las actividades de su
amigo y hasta recuerda que un ayudante del General Roberto
Viola –Coronel Marco Aurelio o Marco Antonio Cúneo- le
manifestó que otros abogados de la ciudad de Mar del Plata
habían informado que Centeno financiaba a la “organización
Montoneros” ,además de ser pernicioso ideológicamente en el
ámbito de la Confederación Argentina del Trabajo.
El militar tenía una
especie de memorandum escrito con toda esta información .Y
también un listado con los nombres de los abogados de Mar
del Plata que habían brindado tales detalles antecedentes
sobre Centeno.
Abruma un poco,
cuando hoy , casi a treinta años de la desaparición física
del abogado, se lo siga considerando solo como “un
especialista en derecho laboral”, restándole mayor
importancia a la total dimensión jurídica de su figura.
Norberto Centeno fue
en el año 1973 el nexo entre todos los prestigiosos abogados
laboralistas del país y el General Juan Domingo Perón para
establecer un estatuto de normas laborales consensuadas que
terminó plasmándose en la Ley de Contrato de Trabajo, ley
mirada con suma desconfianza por los sectores comerciales e
industriales que creyeron menoscabado su derecho de
propiedad, ocasionando evidentes resistencias, enormes
críticas y profundos odios.
Esta ley, que
significó un cambio trascendental en la vida de los
argentinos es un verdadero digesto jurídico. Incursiona en
el derecho de las obligaciones, en el derecho de familia,
sucesiones, contratos, en el derecho comercial, el derecho
previsional y también en derecho penal.
Las normas de esta
completa obra jurídica establecieron la protección de la
mujer, como madre, antes y después del parto, al matrimonio
del trabajador, antes y después de celebrarse, reconocieron
el derecho de la concubina a suceder a su compañero
trabajador en los salarios adeudados, brindaron protección a
los créditos laborales en una innovación no bien vista por
distinguidos comercialistas y asegura ron el valor de la
relación laboral defendiendo la total estabilidad en el
empleo. Por primera vez una ley, atendía íntegramente la
reparación de los accidentes de trabajo y las enfermedades
profesionales, vacaciones pagas, horas extras, contratos por
temporada y por sobre todo, consideraba al trabajo como un
valor supremo. No era poco.
Hablamos de los años 1977,cuando se creía que el derecho
laboral ni siquiera tenia un lugar en los serios estrados
de la doctrina jurídica. El abogado “laboralista” , en ese
entonces, era visto como “un fogonero de la lucha de clases,
un militante de lucha del trabajo contra el capital “. No
solo se lo asemejaba a un “agitador”, sino que también,
casi se lo consideraba “un incapacitado jurídico” dentro
del mundo de la profesión.-
Versiones más, versiones menos acerca del interna política
local, el tema central del asesinato de Norberto
Centeno hay que rastrearlo no solo en la ideología peronista
de este abogado , sino también en la inteligencia que había
demostrado para construir una red de protección a los
derechos del trabajador ante una economía no planificada en
el país, que se avecinaba distinta a la tradicional. Esto ,
en forma inmediata, lo convertía en un elemento de suma
peligrosidad para los intereses que apañaba el gobierno
“civico-militar” dirigido por la Junta de Comandantes de las
Fuerzas Armadas.
A ello se debe
agregar que el abogado también impulsó e ideó la ley de
“Asociaciones Profesionales”, organizando la estructura del
sindicalismo argentino, hecho que también conspiraba contra
esos mismos intereses y que fue inmediatamente derogada por
el gobierno asumido el 25 de marzo de 1976.
Es allí, donde se
observa que quienes alentaron este asesinato obraron con
mayor astucia e inteligencia que sus ejecutores o
informantes locales. No comprender esto y circunscribir
exclusivamente el hecho a cuestiones domésticas de la
interna política en la Ciudad de Mar del Plata, es quitarle
sentido a las cosas y distorsionar el propio curso de la
historia de la represión en la década del 70.
Sin restarle
importancia ni significado a todos los demás asesinatos
cometidos por el Proceso de Reorganización Nacional, este,
el de Centeno, adquiere relevancia clave al reflexionar
sobre la finalidad que persiguió. Y vaya si la tiene. Aún,
después de más de treinta años no se ha podido identificar
quienes fueron los autores intelectuales de la Reforma de la
Ley de Contrato de Trabajo, impulsada en forma inmediata a
la asunción del gobierno militar en marzo de 1976 .Es uno de
los secretos mas guardados de la historia política
argentina.
La eliminación
física de Norberto Centeno, forma parte del plan de
exterminio de aquellas personas que mediante ideas netamente
populares y sociales lucharon ,como tantos otros, por un
país al que per- cibían a punto de ser arrebatado de las
manos argentinas. Sin ellos, se pudo lograr con mayor
facilidad la debacle socio-económica de la década del 90.
Está pendiente una
gran reflexión general sobre este caso. Quizás, por qué no,
el 6 de Julio de 2007 sea la oportunidad para que en la
misma ciudad de Mar del Plata, confluyan Autoridades
Nacionales y Abogados de todos los Colegios del país,
recordando en un único acto también a los más de cien
colegas desaparecidos, que han trascendido eternamente por
haber sido asesinados a causa de una sola y única idea
nacional.
No menos importante es
revertir el único precedente judicial que existe sobre la
muerte de Norberto Centeno. Data del año 1985 y se encuentra
en el Caso Numero 128 del Juicio a las Juntas de
Comandantes. Dice así: “Frente a tan escaso cuadro
probatorio, resulta forzoso concluir en que no se encuentra
acreditado que esta muerte haya sido la consecuencia del
accionar violento de sus captores”.
Todo un
símbolo.